domingo, 16 de diciembre de 2007

Un comercial

Cuando Mariana (Gracias, M.) me mostró este comercial en You Tube, no me dejó ver el nombre del mismo (al fin y al cabo, en la tv no aparece el nombre). Y lo frenó antes del final. Me preguntó de qué trataba... Admito que a veces soy bastante tonto para darme cuenta de algunas cosas obvias, pero también es cierto que fui "tomado", si se quiere, por el tono del video. Hay para mí una linda y cálida carga emotiva en ese personaje tan entrañable... Y por supuesto que no acerté con el tema del comercial!...

Cuando se lo mostré a otras personas, esperando de algún modo compartir lo sensible del mismo, me sorprendí en más de una ocasión al ver que de entrada nomás estos se daban cuenta del "truco". E imagino que apreciaron el producto de un modo muy distinto del mío.

Asocié esto a una anécdota en ocasión de ir a ver a David Copperfield al teatro, en Buenos Aires. En el acto final, Copperfield...vuela. Se eleva en el escenario, pasea en el aire sobre las primeras butacas y hasta levanta en sus brazos a una espectadora y la lleva "a volar" con él.

Recuerdo que el corazón me latía más intensamente mientras Copperfield volaba y luego, cuando alguien me preguntó sobre el espectáculo, no dudé jamás en afirmar: Copperfield voló.

El hijo de mi mujer, que por aquel entonces tendría unos 25 años, mientras el mago volaba, atinó a decir, con cierta suficiencia incluso, que se trataba de unos imanes puestos no sé dónde, etc., etc., etc.

... La suspensión de la incredulidad a la que aludió Chesterton como condición indispensable para enfrentar el arte, reconozco que a veces, en medio de este mundo, puede resultar inconveniente. Y también me declaro enemigo de los adultos con el síndrome Peter Pan. Sin embargo, en algunos casos, no sé, prefiero no darme cuenta de algunas cosas, no tener todas las respuestas, estar, de algún modo, abierto al milagro.

Disfruten de este comercial.


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