jueves, 21 de junio de 2007

08 . Un cuento

Escultura Lenta . Theodore Sturgeon

En mi adolescencia, allá por los setenta, cuando aún los más chicos mirábamos a los más grandes... para aprender, tuve la suerte de que un amigo cuatro o cinco años mayor me acercara los primeros libro de la colección Minotauro. Fue así como apareciéron Bradbury, Vonegut, Le Güin, Ballard... y finalmente Sturgeon. Su novela "Más que humano" tuve que leerla nuevamente ya en mis veintitantos para acercarme de otro modo al maravilloso concepto del "más que humano". Luego vinieron "Los cristales soñadores", "Las invasiones jubilosas", y recuerdo muy especialmente el cuento "Si todos los hombres del mundo fueran hermanos, ¿permitirías que alguno se casara con tu hermana?", que me permito ahora recomendar.

En una antología, "Premios Nebula" creo que se llamaba, hay otro cuento de Sturgeon que siempre recuerdo ytengo presente, del cual guardo un fragmento de profunda belleza. El cuento se llama "Escultura Lenta". he aquí ese atesorado fragmento:

El hombre salió al patio de entrada y contempló su bonsai. El sol de la mañana daba reflejos dorados a la parte superior del viejo árbol, poniendo de relieve las torcidas ramas, de oscuro y aterciopelado tono. Sólo los compañeros de un bonsai (hay dueños, pero son los menos) pueden darse realmente cuenta de lo que esto significa. Hay algo exclusivo e individual en la esencia de un árbol, puesto que éste es una cosa viva, las cosas vivas cambian, y hay muchas formas en que un árbol desea cambiar.
Un hombre ve un árbol, en su mente se producen ciertas extensiones y extrapolaciones de lo que ve, y entonces cominza a hacer que sucedan. En cambio, el árbol hará solamente lo que un árbol puede hacer, resistiendo hasta la muerte el intento de que haga otra cosa, o de que lo haga en menos tiempo del que le es preciso. La tarea de dar forma a un bonsai es, por lo tanto, un compromiso y una forma de cooperación. Un hombre no puede crear un bonsai, un árbol tampoco, por lo tanto, es necesario que ambos se comprendan. Se memoriza el bonsai propio, cada una de sus ramas, los ángulos y las hendiduras y, despierto de noche, a mucha distancia a veces, se recuerda ésta u otra línea, se hacen planes. Con alambres, con agua, con luz, con distintas inclinaciones, plantando hierbas que saquen parte del agua o raíces que crezcan bajo la tierra, se le explica al árbol lo que se desea. Si la explicación ha sido correctamente planteada, y se produce la lógica comprensión de la situación, el árbol obedecerá y responderá... casi siempre. Siempre se observará una variación individual, nacida del respeto que él se tiene a sí mismo: "Muy bien, haré lo que tú quieres, pero lo haré a mi manera". Por cada una de estas variaciones, el árbol se hallará dispuesto a ofrecer una explicación lógica, y más a menudo en forma positiva que negativa (pero siempre sonriendo) le hará ver al hombre que todo eso se hubiera podido evitar si su comprensión hubiese sido mayor.
Es la escultura más lenta que existe, y se llega a dudar de quién está siendo esculpido, si el árbol o el hombre.
.....
Sí, podés volver a leerlo. Se trata de eso mismo, de eso que estás pensando...

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