martes, 1 de mayo de 2007

11 . Una radio

Ya teníamos armado este bloque cuando recibimos un mail de la gente de Pandora, excusándose y lamentando no poder seguir brindando este maravilloso servicio por una serie de cuestiones legales en USA, bla, bla, bla... No pasa nada. Habrá que aguantar un tiempo, breve seguramente, para volver a disfrutar las bondades de Pandora. No hay quien pueda parar esto...


Extraído de Clarín, Mayo 1 de 2006
El sueño de la radio propia
Una nueva generación de emisoras online es capaz de detectar el ADN de la música y armar la programación de acuerdo a los gustos del usuario. Canciones disponibles para el melómano legal.

Por Francisco Rabini. De la redacción de Clarín.com

No es un secreto que los programas de intercambio gratuito de archivos cada vez funcionan peor: después de la época de oro que representó Audiogalaxy, conseguir música (gratis) en la web fue complicándose progresivamente. La alternativa a escuchar música online y no caer en la piratería son las evolucionadas radios on demand, ahora personalizadas al extremo de la sofisticación. Consisten principalmente en liberarse de los programadores radiales (siempre influenciados por un conglomerado de intereses comerciales). Acá es como si uno mismo fuese el dueño de la emisora, musicalizando a gusto, armando listas de temas por afinidad: no sólo se diseñan las transmisiones sino que los programas son capaces de recomendar nuevos títulos de acuerdo a los gustos de los usuarios. ¿El sueño de muchos hecho realidad? También liberan al usuario de tener que bajar archivos que implican tiempo (de descarga) y espacio (del disco duro). Además, es ideal para ámbitos laborales. “Yo trabajo en una empresa de importaciones, y más allá de que estoy bastante relajado, no puedo instalarme programas en la computadora, por eso me hice adicto al Pandora”, sostiene Julián, un treintañero melómano. Pandora es una de las más populares de estas radios personalizadas. Y su éxito radica en su sencillez: sólo hay que entrar en la página y poner el nombre de un artista o una canción. Eso pondrá a funcionar la radio. Luego se puede seguir añadiendo datos para que el programa vaya teniendo más pistas sobre nuestras preferencias. El motor que le da vida al Pandora es el Music Genome Project, un experimento desarrollado por un grupo de músicos e ingenieros que se jactan de haber logrado captar la esencia de la música. Así, pueden aislar los componentes (“el gen”, dicen ellos) de una canción. Entonces, cuando uno dice que le gusta un tema, Pandora busca automáticamente otro con un ADN similar. Last.fm también se jacta de tener esta sensibilidad. Aunque llega a resultados parecidos a Pandora, parte de un lugar totalmente distinto: la piedra angular que le da sustento es la idea de que si uno comparte un 95% de los gustos musicales de una persona, debería indagar en ese otro 5%, porque probablemente descubra grupos que no conoce y puedan llegar a interesarle. ¿Cómo lo logra? Last.fm lleva un archivo de toda la música que se escucha en la computadora, creando así un perfil del usuario cada vez más detallado. Luego muda al usuario a un vecindario en el que se convive en una comunidad musical con inclinaciones afines. De este modo, la radio que ejecuta Last.fm está basada tanto en nuestras preferencias como en la de nuestros coterráneos. LaunchCast, es la radio personalizada de Yahoo! Su funcionamiento no varía en gran medida de Last.fm, pero su interfaz para valorar las canciones y grupos es más completa, con un rango de cinco valores, desde el de “No volver a poner más” al “Absolutamente imprescindible”. Entre los requisitos (un poco segregacionistas, vamos a decirlo) que a veces piden estos sistemas, puede estar el de ingresar un código postal válido en los Estados Unidos. (Quien crea que todas esas horas mirando la serie Beverly Hills 90210 fueron tiempo perdido encuentran ahora la oportunidad de darles utilidad.) Otro problema común es la escasez de música en español en los catálogos, una carencia que debería irse solucionando con el tiempo, a medida que éstos vayan expandiéndose. Pero, ¿por qué no surgen radios vernáculas? A primera vista, surgen varios problemas. Fabio Baccaglioni , webmaster y promotor del software , nos comenta: “Mientras la escuchen un par de amigos, está todo bien. El problema es cuando la radio empieza a tener éxito. Gastás una fortuna en ancho de banda y tenés que empezar a pagar derechos de autor por los temas que usás”. En cuanto a las consecuencias, se ha instalado un debate sobre si estas radios contribuirán o no a expandir el universo musical del usuario. Y como suele pasar, la verdad parece encontrarse en algún lugar intermedio. Probablemente le ayuden a profundizar en los géneros que prefiere. Pero también es cierto que lo aíslan, lo encajonan dentro de los límites de lo que cree que le puede gustar sin exponerlo a cosas que vayan más allá.

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