martes, 1 de mayo de 2007

06 . Una opinión

Recomiendan esmerarse en escribir el pensamiento o la opinión propios cuando se trata de un blog que tenga ciertas pretensiones. De tanto en tanto me hago cargo de estos menesteres y pongo mi módico esfuerzo y humilde talento, tratando de hilvanar alguna idea o visión más o menos potable. Mas no me interesa particularmente esta exposición y debo admitir que suelo antes solazarme encontrando "perlitas" de terceros aquí y allá. En todo caso, este blog no sería más que el resultado no de una búsqueda sino de distintos hallazgos que quizás merezcan también tu atención.
En esta "parada" tomamos una columna de Ariel Torres, publicada en La Nación recientemente.


Desierto, agricultura interior y tecnología

Durante la primera de una serie de charlas que estoy dando sobre los blogs en la Feria del Libro, la pregunta de uno de los asistentes, ya cerca del final, me llevó, otra vez, al tema de cómo reaccionamos frente a los avances técnicos. Esta persona quiso saber mi opinión sobre el contraste que hay entre las vastas posibilidades de comunicarnos de la actualidad y la "vacuidad de contenidos" que, en su opinión, es el sello de estos tiempos.
También en estos días estuve en un programa de TV en el que se debatió sobre cómo los mensajes de texto y el chat promueven cierta "corrupción del lenguaje".
Finalmente, participé hace cuatro días de otra de las reuniones que Microsoft realiza para crear conciencia sobre la protección de los chicos en Internet y la lucha contra la pedofilia. Allí, alguien sugirió la necesidad de "controlar Internet".
Al parecer, deduzco, existe el consenso general de que estamos viviendo en un mundo cada vez más epitelial e inmediato. Coincido. Que cultivar el espíritu y el intelecto es, parecería, cosa del pasado. Coincido. Que se viene una noche negra donde shows televisivos perfectamente vacíos (parafraseando a Lem) se combinarán con cientos de millones de blogs insípidos y sempiternos espectáculos de balón para adoquinar el núcleo de una no-cultura neutra, sumisa y empantanada. Y que la culpa la tienen, en gran medida, la PC, Internet y los celulares. Por supuesto, pienso de otro modo.
Aunque, nobleza obliga, no disentiré aquí con lo que se dijo ni en la Feria del Libro ni en aquel programa de TV (lo hice, desde luego, in situ), hay una cantidad de cosas en las que he estado pensando desde entonces y que quisiera compartir.
Creo que, gracias a Dios, hoy tenemos la tecnología digital para revertir la evidente desertización del alma que estamos observando; segundo, que durante milenios las personas no sólo no se cultivaban, sino que tampoco podían hacerlo, no les estaba permitido. Dicho de otro modo, la vacuidad no es nueva; sólo que ahora la notamos más. Y la actual vacuidad, cuando menos, es optativa. Otrora, el 90% de la población humana era analfabeta. Ningún tiempo pasado puede haber sido peor que eso.
La inmediatez y la política del menor esfuerzo son el resultado, a mi juicio, de una serie de errores que hemos ido cometiendo los adultos durante décadas; la tecnología no tiene nada que ver. En la base de ese error está la creencia, falaz, temblorosa e ingenua de que es posible ser feliz sin cultivar el espíritu. Porque cultura significa cultivo, no de erudición. Y sin cultivo sólo se obtiene un yuyal, un baldío.
Un chico de 12 años me dijo hace poco que "leer es aburrido". Me pregunté cómo lo sabía. Con qué ejemplos contaba. Y qué habría de sentir el día que descubriese que leer era difícil (no aburrido, no es lo mismo) sólo al principio, pero que después se volvía felicidad pura. Hemos confundido -durante demasiado tiempo- bienestar con felicidad, diversión con revelación, superstición con fe, fanatismo con pasión. Difícil equivale a aburrido. Las consecuencias están a la vista. Pero más tarde o más temprano, las nuevas generaciones caerán en la cuenta (pendularmente, tal vez) de que la vida es de un tedio insufrible si no se ha invertido una no pequeña cuota de esfuerzo en cultivar la mente y el espíritu.
Para cuando eso ocurra, por fortuna, esas generaciones dispondrán de herramientas digitales que ya en la actualidad permiten un acceso a la cultura como nunca antes se vio en la historia humana. La agricultura interior nunca fue más sencilla ni estuvo al alcance de tantas personas.
Por Ariel Torres

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