Solemos recurrir con bastante asiduidad a la cita de un fragmento (la parte final) del poema de Borges “Para una versión del I King” que aparece en la versión de Sudamericana del “I Ching”, de Richard Wilhelm..."No te arredres. La ergástula es oscura, la firme trama es de incesante hierro, pero en algún recodo de tu encierro puede haber una luz, una hendidura. El camino es fatal como la flecha, pero en las grietas está Dios, que acecha".
Y es porque creemos firmemente en “las grietas”... En ese espacio, ajeno al anquilosamiento de los extremos que conforman el sólido bloque de la “cultura oficial”, es que podemos encontrar, bien las semillas, bien el vacío fértil en el que éstas han de germinar...
Hasta hace no mucho tiempo, esas "grietas" eran la razón de ser de lo que se llamaba contracultura (perdón por la palabra). Las distintas vanguardias salían en busca de los límites del Sistema, en pos de instancias alternativas a las "oficiales" en las que encontrar un universo con otro significado que no la mera existencia sin más pretensiones que pasarla bien y prosperar económicamente. En pos de un ser humano de mayor profundidad existencial, un ser religioso... Eran las distintas vanguardias las que acometían esta tarea, y los descubrimientos de éstas, aunque fuertemente resistidos en un principio, a poco andar comenzaban a introducirse en los pliegues del sistema, flexibilizando y ampliando finalmente el marco dentro del cual se desarrollaba nuestra humana experiencia, tanto en lo individual como en lo social. Y así, una y otra vez a lo largo del tiempo...
Cuando el Sistema se transformó en el Mercado (o cuando el Mercado se impuso incluso al Sistema), la contracultura desapareció. Y con ella toda vanguardia que se precie de tal. El Mercado es tan poderoso y tan perfecto que fue capaz de incluir a ambas, contracultura y vanguardia, como meros productos, quitándoles así su poder revulsivo y de cambio posible. No hay hoy, más allá de arrestos individuales de los que por lo general no se tiene conocimiento, ninguna instancia de alcance social que no sea otro producto del Mercado. Todo, todo, todo se puede vender, comprar, publicitar... Todo puede ser objeto de marketing... No hay nada que incomode, nada que plantee preguntas... Hasta pareciera que no hay nadie interesado en esas inciertas respuestas. Hay una extendida sensación de comodidad que sólo se altera si nos toca viajar en "la bodega" de este TItanic. Caso contrario, vaya esta expresión tan actual: ¿Qué tal? ¿Todo bien?... ¡Todo bien!
Los que tenemos algunos años y algún camino recorrido sabemos perfectamente que no está todo bien. Siempre es necesaria la pregunta, la inquietud, el deseo profundo de una felicidad genuina, de una realización con bases ciertas y no como "aspiracional" publicitario. Por ello será menester insistir con la contracultura, sólo que ahora de manera muy distinta, en lo formal, a épocas pasadas.
Ya no tenemos que inventar el rock ni salir al camino como Kerouac, viajar a Katmandú o indagar en las puertas de la percepción... Ahora, creo, el movimiento a experimentar no es de ruptura sino de inclusión. Una movida que busque en la síntesis, que sea capaz de aceptar y sumar antes que negar. Ya sabemos que no hay bueno y malo. Es probable que sólo se trate de cambiar la medida, el metro patrón. Desarrollar una cultura a la medida humana y no un hombre a la medida del Mercado, sabiendo que incluso luego de la medida humana hay otras magnitudes tanto más relevantes, pero dejemos por ahora éstas como "opciones avanzadas"...
Como tomar todas las cartas, TODAS esta vez, mezclar y dar de nuevo.

